>Geiseres, los volcanes de agua – Explicacion y video de los geiseres

>Geiseres, los volcanes de agua – que son los geiseres y video

Los antiguos romanos hablaban de la “fragua de Vulcano” para referirse al ardiente interior de la Tierra. Allí reinaba el dios del fuego -Efestos para los griegos, quien de tiempo en tiempo se hacía presente entre los mortales de manera trágica a través de tremendas erupciones de llamas; ceniza y lava, como la erupción del Vesubio que enterró las ciudades de Herculano y Pompeya. Pero Vulcano no siempre perjudicaba a los hombres: también les aportaba placeres. Las célebres termas dan testimonio del uso beneficioso para la salud que los romanos dieron al calor que se genera en el interior de la corteza, manifestado en fuentes termales, fumarolas de vapor y géiseres. En todo el mundo, las aguas termales aparecen sólo en ciertos lugares de la superficie terrestre, siempre en regiones donde se superponen o se separan las placas de la corteza. En esas zonas geológicamente activas también suelen hallarse los llamados “puntos calientes” o sectores de gran actividad volcánica. Espesas nubes de vapor de agua dan peculiar encanto a los paisajes, muy distintos entre sí pero siempre misteriosos, donde el líquido calentado en las profundidades asciende hasta la superficie del planeta. Las formas no son necesariamente iguales: hay lagunas de agua templada, manantiales con altas temperaturas, fumarolas que emiten constantemente su penacho de vapor, y géiseres, espesas columnas de agua hirviente y vapor que se levantan esporádicamente.
La trayectoria del agua termal es un ciclo con dos momentos principales. Primero, el agua proveniente de la lluvia y la nieve penetra lentamente en el suelo y parte de ella alcanza hasta profundidades de 3500 metros, en un periplo que puede tardar hasta 500 años. Cuando ese trayecto se cumple en zonas geológicamente activas, donde hay vulcanismo, el calor interno eleva la temperatura del líquido y se genera una corriente hacia arriba. En ciertos casos, la salida a la superficie es calma y se originan lagunas o manantiales termales. En otras oportunidades, sólo emerge vapor, son las fumarolas. Pero puede ocurrir que los depósitos de agua cercanos a la superficie se formen donde hay rocas impermeables. Allí es donde aparecen los espectaculares géiseres, con su peculiar ritmo intermitente.
Son cinco los lugares del mundo donde actualmente existen verdaderas concentraciones de géiseres: el parque nacional Yellowstone (Estados Unidos); la reserva natural de Kronotsky, en la península de Kamchatka (ex URSS); la región cordillerana de El Tatio (Chile); la isla Norte de Nueva Zelanda, y Haukadalur, en Islandia. En otras partes, los géiseres son excepciones. Y aunque algunos de los más llamativos por su tamaño, como Old Faithful, en Yellowstone, o Pohutu, en Nueva Zelanda, siguen elevando sus poderosas columnas día tras día, otros han desaparecido. Así ocurrió en Islandia con el célebre Geysir que dio su nombre a esta “especie geológica en peligro de extinción”, como los calificó el especialista norteamericano T. Scott Bryan. Hoy apagado, Geysir es vuelto a la vida artificialmente, tres veces por año, gracias a una inyección de jabón, recurso que aumenta la presión del agua y la hace elevarse como en los viejos tiempos.

¿En qué se diferencia un géiser de otras fuentes de aguas termales? Para merecer su nombre, debe manifestarse mediante “descargas intermitentes de agua lanzadas con turbulencia y acompañadas por una fase de vapor”, según la aceptada definición del geólogo Donaid White. Y para que ello ocurra, el agua subterránea debe recibir determinada presión, que la impulsará hacia el exterior. El líquido que llega desde capas más profundas hasta las cavidades trae una elevadísima temperatura adquirida por su acercamiento al magma volcánico. En las cavidades y chimeneas el agua hierve y parte de ella se convierte en vapor, que tiende a salir por las chimeneas empujando hacia afuera chorros de agua. La intermitencia se produce porque la erupción hace que se vacíe parte del contenido de las cavidades hasta que el agua ascendente vuelve a llenarías y recomienza el ciclo.
Pero no todas las rocas son lo suficientemente impermeables para evitar que el agua ascendente se disperse al llegar a la superficie. Para que ello no ocurra se requiere una circunstancia especial: en las rocas muy profundas por las que asciende lentamente el agua hacia las cavidades debe existir una gran cantidad de sílice. Disuelto por el agua hirviente y así separado de la roca granítica, el sílice es arrastrado por el agua hacia arriba y se deposita en la superficie. Allí se forma geiserita, una variedad de ópalo, que constituye el medio compacto e impermeable a través del cual las chimeneas desembocan en el aire libre. Según Bryan, los géiseres son tan raros porque para que existan “deben coincidir en un lugar cercano a focos volcánicos, lo cual permite que el agua hirviente diluya el sílice para formar geiserita y genere suficiente vapor comprimido para impulsar el chorro hacia la superficie”.
Los géiseres nunca están aislados, pues forman sistemas subterráneos interconectados, pero con chimeneas a veces separadas por grandes distancias. Y algunas veces, quietas lagunas termales se convierten en poderosos géiseres, aunque tales erupciones suelen ser ocasionales y no vuelven a repetirse. Para los geólogos que se dedican a estudiar estos fenómenos asociados al vulcanismo terrestre, los géiseres son prácticamente impredecibles, ya que no se sabe en qué momento surgirán ni cuándo su columna dejará de cumplir la aparentemente eterna rutina de elevación y descenso.
Por lo general, las diferencias de tamaño y forma de los géiseres son tan variables como sus cambios en el ritmo de su actividad. Modificaciones en la cantidad de agua percolada en los suelos -a veces decenas o centenas de años antes pueden modificar el volumen, del líquido almacenado. Asimismo, cambios en la temperatura por mayor o menor actividad volcánica también influyen sobre el comportamiento de los géiseres. Y los cambios geológicos graduales también tienen su efecto sobre la suerte de una de estas turbulentas fuentes de agua y vapor. Por ejemplo, si se produce una aceleración en el ritmo de acumulación de geiserita. Se ha calculado que así como los sistemas de géiseres pueden tener una vida de cientos de miles de años, los géiseres individuales poseen una vida extremadamente corta en términos geológicos: sólo unos pocos miles de años. Una de las mayores amenazas para la supervivencia de los géiseres son los terremotos, un fenómeno estrechamente asociado a las zonas de mayor dinámica de !a corteza terrestre donde, justamente, florecen las surgentes termales. Así como la mayoría de las cavidades y chimeneas que ocupan los géiseres se deben a terremotos, éstos también pueden terminar con ellas, clausurando las chimeneas o derrumbando las paredes de los huecos donde se almacena el agua. Pero en los últimos tiempos, los geólogos han alertado sobre la acción del hombre sobre los “volcanes de agua”: en Islandia y otros lugares donde se utiliza la energía geotérmica, para transformarla en electricidad o para otros usos industriales y domésticos, la explotación puede acabar con los géiseres escasas décadas.

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